jueves, 6 de noviembre de 2014

MUERTE


Llevas mucho tiempo escribiendo, y nunca te sientes lo suficiente "coherente" como para decidirte a comunicarlo.

Un día te levantas de la cama y pasa algo que te hace sentir diferente, que te hace darte cuenta de que a veces no queda tanto tiempo para expresar lo que te gustaría.

Sólo cuando te despiertas y te sientes realmente preparado, es cuando caminas en vez de pensar los pasos que vas a dar.

Cada paso que das en el presente, te lleva a reflexiones varias y a intentar comprender aquello que no puedes asimilar rápido.

Y es entonces cuando vuelves a tener dudas y a preguntarte una vez más si estabas caminando hacia el lugar adecuado.

Realmente nunca sabes si estás avanzando correctamente... hasta que una voz interna te susurra, casi imperceptiblemente, que sí. Te dice algo como "lo que haces te llena, sigue así, aunque te cueste".

Hay veces que esa voz se apaga y no somos capaces de escucharla, pero también es cierto que va bien perderse de vez en cuando. Y así, en el momento de pérdida, te encuentras un día por casualidad.

Si hay algo que crees que puedes aportar, por insignificante que te parezca, hazlo. Hay pequeños gestos, pequeñas conversaciones, detalles sutiles... que parece que no llegan a nadie, y sí...

La magia de las relaciones puede ser tan sutil como, por ejemplo, que un desconocido, de repente, aparece en tu vida y te da una señal. Decides seguir ese camino y por cosas del destino, o que se yo, esa persona se va.

Lo que me ha impulsado a manifestarme es la pérdida de alguien que ha aparecido en mi vida, me ha encaminado hacia un destino que él compartía, y ese alguien se ha ido.

Es un momento que merece la pena valorar. Es como sentirte responsable de tirar adelante algo que te dejó como legado. Es como si fuera una responsabilidad de la que me debo hacer cargo.

Esa persona posiblemente no fue consciente de todo lo que inspiraba en mi, del hecho de encaminarme hacia este destino, pero jugó un papel importante, que te marca.

Sí, es así. No hay camino que deshacer.

Por eso, confía en el regalo que se te ha dado conociendo a esta persona y tanto por ella, como por ti misma... asciende tu luz sin temor.

Y es que si yo muriera, lo único que desearía es haberte encaminado hacia algo importante, cómo él lo ha hecho él conmigo.

Por eso no puedo contener más tiempo el escribir públicamente algo que me hace hervir la mente. Aunque sean pocas palabras, aunque no pueda escribir un libro, aunque escriba tan sólo para reflexionar o recapacitar sobre la muerte de alguien. Es hoy cuando lo puedes hacer, ni mañana, ni ayer. Es ahora.

El poder de la palabra y la escritura ha sido una gran ayuda en momentos de caos. Escribe cuando puedas para otros, o sólo para ti mismo, si aún no estás preparado para compartirlo. Escribe para alguien si sientes que así debe ser.

Hoy para mi es el momento de empezar a hacerlo. Aunque mis palabras se las lleve el viento, el mensaje puede ser escuchado en cualquier parte. La brisa también susurra mensajes, muy sutiles.

Es momento de calma, de paz, de sosiego. Es un momento de apoyo para los que tomamos la decisión de seguir.

Las células contienen el ADN con toda la información ancestral que yace en el ser humano, por lo que cualquier paso que demos como especie, también quedará registrado.

Es posible que hayan muchos manuales y muchos métodos de cómo vivir la vida para ser feliz, pero la respuesta única a ese dilema siempre está dentro de ti. Todo lo demás es un consejo, una guía, un apoyo. El esfuerzo, al fin y al cabo, será tuyo.

Cuando alguien se va, es un buen momento para valorar a todo el que sigue en el barco. Es un buen momento para perdonar a personas que querías y con las que cortaste por algún motivo. Es también un momento de aceptación, de saber comprender a otras personas y sus motivos a la hora de actuar de una forma u otra. Y de aparcar el rencor.

Hoy escribo por escribir, sin más intención que compartir una inquietud. Un impulso que nace en el momento de su muerte.

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